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La serie «Metropolitan» ha llegado a su fin. Después de veinte partidos y muchos meses, el Getafe pescó en territorio calcanera en un partido totalmente delirante que será recordado en la historia personal de Antoine Griezmann, que iguala a Luis Aragonés como máximo goleador rojiblanco y ya es leyenda, aunque no pudo celebrar la victoria debido al regreso de los azulonas en la última parte.
Y dos goles del francés y un tanto de Maratha permitieron al Atlético arañar la victoria en el duelo en sus años crepusculares, pero el Getafe, siempre tembloroso e incómodo para cualquier rival, siempre competitivo, igualó en el tiempo añadido. Le ayudó su ventaja numérica durante la mayor parte del partido, gracias a la doble amarilla de Savic en la primera parte y a la potencia de fuego de Borja Mayoral, que se enfrenta cara a cara con los máximos goleadores de la Liga.
Este trepidante epílogo impidió que el Atlético reaccionara tras el naufragio de San Mamés. Simeone no quiso prolongar el bajón y reorganizó su equipo con Llorente y Savic en sustitución de los citados Nahuel Molina y Soyunka, la entrada de Riquelme como lateral izquierdo, con Lino actuando como interior y una apuesta por Memphis como atacante enlace para sustituir a Morata. Con sangre fresca y bajo una defensa del Metropolitan donde sólo ha acumulado triunfos esta temporada, el Atlético se puso manos a la obra para superar la presión asfixiante del Getafe.
Sus mejores armas para intentar desmantelar la compleja estructura que estaba creando Bardalos fueron la profundidad en las bandas y un Riquelme activo, que efectivamente inició las hostilidades con un disparo al travesaño. Se enfrentaron a mucho juego aéreo azul, una de las mejores bazas de un equipo potente arriba.
El partido estaba en plena disputa táctica, que desbordó cuando Griezmann encontró a Memphis en el área. El holandés, que aún estaba en fuera de juego, se giró rápidamente y disparó un disparo que detuvo David Soria. Faltó un poco más de chispa y sucedió de la peor manera, con Savic expulsado por doble amarilla, la primera estricta y la segunda justa por un codazo imprudente sobre el montenegrino.
Cholola intentó solucionar el problema deshaciendo a un delantero en particular, Memphis, para traer a Azpilicueta, y aunque el Getafe se vino abajo por momentos, entre Riquelme y el delantero habitual Griezmann, arreglaron las cosas. El joven hizo un buen pase desde la banda derecha y el francés se quedó a sólo un gol de Aragonés mientras los rojiblancos llegaban al vestuario con ventaja.
Pese al alivio del Atlético con el gol, la repetición confirmó que mantener el 1-0 le costaría sangre, sudor y lágrimas al conjunto colchonero. Un cabezazo desviado de Latasa en pleno aprovechamiento sirvió de aviso y otro cabezazo de Borjo Mayoral, esta vez más certero, supuso el empate y un balde de agua fría para los valientes que afrontaron las gélidas noches madrileñas en la grada del Metropolitano. Con el marcador de nuevo igualado y manteniendo la ventaja numérica, el Getafe rodeó el área local de la mano de la estrella Greenwood, a la altura de un jugador que tanto prometió empezar en el Manchester United antes de perderse por motivos extradeportivos.
El Atlético estaba pasando apuros pero Marcos Llorente aprovechó la banda derecha y sacó un buen centro que Morata, que acababa de entrar al campo, no desperdició con un cabezazo. La providencial aparición del delantero madrileño destrabó un partido complicado, que se fue muy a favor de los rojiblancos por la acción ridícula de Damián Suárez. El uruguayo, en su área, propinó un puñetazo en la cara a Mario Hermas y le dio a Griezmann la oportunidad de superar al inolvidable y auténtico Luis Aragonés como máximo goleador de la historia de la Calcionera, ya que 173 goles rojiblancos contemplan a ambas leyendas del club.
Si había alguna duda sobre la leyenda del hombre que regresó al club rojiblanco para expiar el pecado de dejar el Barça, donde descubrió que su lugar en el mundo era el rojiblanco, los números también confirman su ascenso a la Liga. Olimpo matriarcal. Y el francés alcanzó esa cima, donde hasta ahora sólo había pisado Luis Aragonés, y ocupó su lugar junto al deseado Sabio de Ortaleza.
La fiesta parecía ser en el Metropolitano, pero el Getafe no estaba acostumbrado a ser un invitado de piedra. Los azules demostraron valentía y redujeron distancias gracias a Óscar Rodríguez, que golpeó al rival y envenenó irremediablemente a Oblak. Paradojas del fútbol: Riquelme, que tan buen partido había hecho hasta ese momento, cometió su único error en el tiempo añadido, extendiendo el brazo para pasearse por el área rojiblanca. Así ejecutó la pena máxima, con la que Borja Mayoral selló el empate final y desbarató el récord de Griezmann.
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